miércoles, 4 de septiembre de 2013

Entre abedules y La plaza roja. José Adán Castelar

El cuervo


A José Adán,
Mi tocayo.

Donde la antigua Dacha
albea entre los álamos,
yerra ya hora en la sombra invernal.

                                         Pasa el graznido
de luto, espinoso de filos,
arqueado sobre un vestigio
de armas.

                                          Y esa voz
ha de perseguirme a través
de la tierra, igual que un cielo
de árboles. Hasta que sea mía
entre otras voces.

También mi ayer es un argüir de alas.


¿Extranjero?


A Julio Escoto


Toda la belleza del mundo
en unos ojos que pasan.

                              Terso oleaje
que oscila,
y la boca roja que marcha al frente
de los deseos.

                                Construcciones
edificadas por el antiguo
miedo o por el nuevo amor,
                              os saludo!

Hago florecer
mis pasos que nunca
se alejan.

                                 Me agrego  la dicha
del universo y, en medio
de mis semejantes, no soy
otro
sino este que canta.

La intérprete


A Helen Umaña,
Verso, amiga.

Hablaba el español con suavidad
tropezadora,
como si temiera irse
de bruces sobre cada palabra. Pero
era tan dulce escucharla.

                              Clara y humilde
como el agua menor.

                               De pequeña
estatura –casi una niña-:
                                cabía
en cualquier “hasta mañana”.

Fue nuestra guía
en los laberintos
de la ciudad.

Conducidos por su mano
Conocimos fuentes y nombres,
                           la rica
cocina rusa y sus preferencias
por Chaikovski
y Esenin.

                            Enseñaba periodismo
en una U local
y vivía con su marido al parecer
al borde de Moscú.

La recuerdo porque nunca fue más brusca
que el viento de los abetos
ni menos sonriente
que una ventana abierta.

Se llamaba МагдаЛNна en ruso,
Magdalena en español.


La Plaza roja


VII

La lluvia se alza como nosotros: para caer.
La lluvia cae como nosotros: con nostalgia.


De regreso


Volver vale la pena, aunque
se haya cambiado
Cesare Pavese

De regreso del viaje
otra vez me reciben los míos,
la litera de cedro,
el viejo piso desconchado,
mis libros,
el balcón
de “manos de hierro”
mis chancletas azules,
dos retratos amados
y este poema que me esperaba
oculto entre mis cosas.


Habitante


Siempre pendiente
de las rutas,
de las estaciones,
de los horarios.

                             Siempre metido
en esperas,
viajes y regresos,
hasta que un día todo
se detenga.

                             Nadie entonces dirá
que no tuve
destino.

Entre abedules y La plaza roja (2013)
 Fue escrito después de dos viajes a Moscú, entre 1985 y 1988.  


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José Adán Castelar (1941) es Premio Nacional de Literatura (1988), autor de: Entretanto (1979); Sin olvidar la humillación (1987); Poema estacional (1989); Tiempo ganado al mundo (1989); También el mar (1991); Rutina (1992); Rincón de espejos(1994); Laodamia (1999); Venus en el campo (2001); Cauces y la última estación (2006) y Nombrar (inédito), entre otros libros de poesía y cuentos. 
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