No me vendéis los ojos, no me perdáis las niñas.
Dejádmelas jugar con las luciérnagas.
Jonás, fin del mundo o líneas en una botella (1980)
No me vendéis los ojos, no me perdáis las niñas.
Dejádmelas jugar con las luciérnagas.
Jonás, fin del mundo o líneas en una botella (1980)
14-X
Toda liberación es una conquista.
Y toda conquista hubiere sido liberación.
Ante esto, Borges, inmóvil,
intenta ingravitarse
para gravitar hacia adentro desde afuera.
Octavio Paz y Cortázar buscan ofrecer
otra galaxia, otro sol,
mientras que Jorge Guillén y Göran Palm,
por momento con la arena hasta el cuello
como “El perro” de Goya, o como el equilibrista
con la espada en la frente –San Sebastián-
tratan de subir a la luz,
-pájara de Brancusi-
sosteniéndola.
Tú y yo, Muerte, saliéndonos
de la violeta red de la luna,
del trasmallo amarillo de la lira,
lo sabemos en el blanco mundo,
en el escarlata púrpura del tiempo,
-(Sidraj- Misaj- Abed.)(Daniel 91-3)-
y nos mordemos los labios como Príamo.
El mismo juego en las escuadras:
ellos jugando a ser ellos,
nosotros, yo, tú, él.
Jonás, fin del mundo o líneas en una botella (1980)
27-V
El carnicero
apareció ya con el alba degollada.
Hubiera sido un claro día.
Pero el carnicero está aquí,
con el cuchillo, blandiéndolo,
y la sangre, ay,
manando en la garganta.
Edilberto Cardona Bulnes, Jonás, fin del mundo o líneas en una botella (1980)

"En materia de poesía, la muestra revela los rumbos por los cuales se camina. El transcurrir temporal entrelaza tres generaciones. El más joven: 22 años; el mayor ya peina canas: 68 febriles primaveras. Predomina la medianía: los dorados treinta abriles, el grupo en ascenso que pronto asumirá el mando. Tres generaciones que no han volado los puentes entre sí, razón por la cual no pierden un cierto aire de familia cuyo rasgo más significativo podría ser la huida del verso dulzón o sentimental. La mayoría transita esa línea poética que, en Honduras, se remonta a Nelson A. Merren. También, con gran devoción a Edilberto Cardona Bulnes. Sin faltar —¡claro!— el magisterio indubitable de Roberto Sosa. Con el enriquecedor aditamento de preferencias que se disparan hacia los cuatro puntos cardinales de la cultura universal, los apoyos intertextuales alientan en muchos de los textos. Afectos a la sobriedad y a la mesura, privilegian el habla cotidiana, lo cual no es óbice para que se acuda, con gran conocimiento del oficio, al verso críptico en donde el signo deliberadamente se oscurece. Agresivos y seguros de sí, no desdeñan, inclusive, el vocablo rudo si ese es el que dice justamente lo que se quiere decir. En otras palabras, no descartan lo «feo» considerándolo, también, una categoría estética. La exploración del acre humorismo eclosiona en más de uno. Certero, en los dos casos observados, el olvido del verso y el trabajo de una prosa sumamente rítmica. En otro, la visión sombría de la existencia en un extenso poema de versos igualmente extensos y envolventes, adecuados a la reflexión acongojada, es inquietante y perturbadora. Punzantes, unos poemas cortos, casi epigramáticos, nos sorprenden a la vuelta de la página. Presente —¡no podía ser menos!— el sentimiento latinoamericanista en bien formulados trabajos; uno de ellos, de la única mujer del grupo.
A propósito, es preciso externar otro motivo de nuestra alegría: la poesía hondureña, en este caso concreto, se hermana con la de un pueblo sumamente fraterno: el cubano. Un pueblo que, desde los inicios de su revolución, hizo de las manifestaciones artísticas y literarias un baluarte de la visión humanística de la existencia, colocándolas, por lo mismo, entre sus posiciones de privilegio. No sólo al interior de la isla. Pronto, desde Casa de las Américas, con un sentido solidario que nunca se había visto en Latinoamérica, se convirtió en impulsor del arte y la literatura de toda la región. Justamente, este libro ratifica que los lazos, pese a las embestidas en contrario, siguen incólumes e intactos."
Rafael Vilches Proenza
(Cuba, 1965). Escritor. Poeta y narrador. Ha merecido varios premios literarios, entre ellos, el Manuel Navarro Luna 2004 y el Premio de la Ciudad de Holguín, 2000. Sus poemas y cuentos aparecen en distintas publicaciones nacionales e internacionales. Tiene publicada la novela Ángeles desamparados (2001) y los poemarios Dura silueta, la luna (2002) y El único hombre (2004). Reside en Holguín, Cuba.


Honduras
El poeta hondureño, Roberto Sosa, murió hoy a las 2:20 de la mañana, producto de un infarto.
Sosa, quien había ganado diversos premios a nivel internacional, como el Adonais de España, vivía en New York, Estados Unidos.
Varias de sus reconocidas poesías: Caligramas, 1959; Muros, 1966; Mar interior, 1967; Los pobres, 1969; un mundo para todos dividido, 1971; Secreto militar, 1985; Hasta el sol de hoy, 1987; Les larmes des choses, précélé de masque bas, 1990; Obra completa, 1990; Antología personal, sf.; Los pesares juntos, sf.; Máscara suelta, 1994; El llanto de las cosas, 1995.
También había participado en diferentes congresos latinoamericanos. Tenía estudios de Maestría en Artes, por la Universidad de Cincinatti, Ohio, de EUA.Jurado del prestigioso Premio Casa de Las Américas de Cuba. Catedrático de Literatura y escritor residente en Upper Montclair Collage, N.J., USA. En 1990 es nombrado con el grado de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de la República de Francia.